Ataque constructivo de Nietzsche al feminismo. Feminismo y Nietzsche.


A Tecla González

Voy a tomarme la libertad de sentirme heredera del gesto teórico que realiza la feminista británica Juliet Mitchell en su libro de 1974 “Psicoanálisis y feminismo”[1], con respecto a la obra freudiana, para colaborar en la promoción de una recuperación de la obra de Nietzsche para la teoría feminista ¡ahora que con el éxito arrollador del feminismo se ha vuelto tan necesario ensayar la auto-crítica![2]. Ya que en la obra de este “extremista”[3] que combatió, como nadie, este movimiento social-democrático que lucha por ‘la emancipación y la soberanía femenina’[4] encontramos verdades como puños.

Si Nietzsche clama que “hay estupidez en este movimiento una estupidez casi masculina”[5] es no sólo porque el movimiento feminista sigue “los dogmas preferidos de la economía política [capitalista] de nuestra época”[6] – “esto es lo que hoy ocurre: ¡no nos engañemos sobre ello! En todos los lugares en que el espíritu industrial obtiene la victoria sobre el espíritu militar y aristocrático la mujer aspira ahora a la independencia económica y jurídica […] se posesiona de nuevos derechos e intenta convertirse en ‘señor’”[7] - sino también porque vaticina que la ‘rivalidad’, e incluso ‘la lucha’, por unos derechos para las mujeres[8] “podría transformarse con demasiada facilidad en la injusticia”[9].

Véase cómo ‘el feminismo’ ha sido transformado en fuente de injusticia en La Ley Integral contra la Violencia de Género o La, más reciente, Ley de Promoción de Igualdad entre Hombres y Mujeres del PPSOE[10]. Con estas leyes ‘feministas’ el gobierno del SOE se vale de “la supersticiosa creencia en la ‘igualdad de los hombres [y de las mujeres]’”[11] para ejercer el poder tanto sobre los hombres “especialmente en el ámbito laboral”[12] – el gobierno “va a permitir que en los convenios colectivos se impongan medidas de discriminación positiva a favor de la mujer”[13] (“particularmente a los niveles directivos”[14]) - como sobre las mujeres, especialmente en el ámbito discursivo-simbólico: tanto el discurso periodístico como el jurídico se ocupan de construir a ‘la mujer’ como un ser que, por definición, está “marginado en razón de su sexo”[15], vive en desventaja[16] y es una ‘víctima del acoso’, es decir, según las “definiciones europeas”, una víctima incapaz de hacer nada frente a “cualquier comportamiento verbal, no verbal o físico no deseado de índole sexual” o de otra índole[17], excepto denunciarlo. En las “relaciones laborales” que se avecinan los empresarios “tendrán que prevenir” que los hombres se comporten física o verbalmente con una mujer de una manera que resulte ‘indeseable’ para la mujer pues esto será causa de un despido [disciplinario] para el hombre[18] quien, ante la demanda de la mujer, que se tramitará “en los juzgados de forma ‘urgente y preferente’”, no gozará del derecho a la presunción de inocencia sino que, por el contrario, estará obligado a probar su inocencia[19].

Vemos, pues, cómo este movimiento, compuesto por “mujeres (y no sólo por cretinos masculinos)”[20], niega la “validez de los valores supremos” de un modo similar a cómo lo hace el “fantasma” del nihilismo que “recorre Europa”[21]. Si los nihilistas eligen “la nada” en vez de elegir “lo incierto”[22], es decir, en vez de elegir que “debemos servirnos precisamente de ‘la causa’, del ‘efecto’ nada más que como conceptos puros, es decir, ficciones convencionales, con fines de designación, de entendimiento, pero no de explicación”[23] o que debemos reconocer que “no existen fenómenos morales, sino meras interpretaciones morales de esos fenómenos”[24], el movimiento feminista se basa en la negación de la nobleza[25], de la libertad de espíritu[26] y de la ‘ilusión’[27] de una “’moral del amor al prójimo’”.

La moral del amor al prójimo no dirige la mirada “exclusivamente a la conservación de la comunidad” ni busca “lo inmoral precisa y exclusivamente en lo que parece peligroso para la subsistencia de la comunidad”[28] (no es inmoral que “en la venganza y en el amor la mujer [sea] más bárbara que el varón”[29]) sino que es una moral que se dirige a la conservación del Otro (“‘lo eterno femenino nos arrastra hacia arriba’- : yo no dudo que toda mujer un poco noble se opondrá a esa creencia, pues ella cree cabalmente eso de lo eterno masculino”[30]) y que busca lo inmoral en lo que parece peligroso para la subsistencia del Otro (es inmoral no perdonar el deseo al ser amado[31], es inmoral “estudiar bachillerato, llevar pantalones y tener los derechos políticos del animal electoral” para “rebajar el nivel general de la mujer”, es inmoral ‘predicar la castidad’[32]).

Vemos también cómo el movimiento feminista, siendo “parte de la tendencia y del gusto básico democráticos”[33] (la democracia moderna es para Nietzsche “un organismo involuntario para criar tiranos”[34] y una “nueva y sublime configuración de la esclavitud”[35]), colabora en la debilitación de la cultura al extenderla y difundirla “a ambientes cada vez más amplios”[36] – a través de la reivindicación de un ‘mayor cultivo’ de la mujer - para formar “lo antes posible a empleados útiles” de una “docilidad incondicional”[37] tanto a través del ideal ascético (la fe en un valor metafísico, en un valor en sí de la verdad” a pesar de que “no existe, juzgando con rigor, una ciencia ‘libre de supuestos’” [38]) como a través de una “moral de animal de rebaño”[39].

¡Atención! No es que Nietzsche esté en contra de que las mujeres estudien (de que esté en contra de ‘el derecho de la mujer a estudiar’ que se inventaron las feministas de su época: “¿No faltaría un anillo en la cadena del arte y de la ciencia, por ausencia de la mujer, si faltase la obra de la mujer?”[40]): “lo que yo combato” es “el hecho de que una especie excepcional [“por ejemplo, las mujeres cultas”] haga la guerra a la regla [traten “de desplazar a la mujer de su posición”], en lugar de admitir que la prosecución de la existencia de la regla sea la premisa del valor de la excepción”, es decir, “en lugar de sentir la distinción de sus necesidades normales de erudición”[41].

Nietzsche, más bien, quiere “plantear represalias y sacar a la luz para llevar al tribunal toda esta economía [del ‘nuevo Imperio’ “fundado sobre la idea más usada y desvalorizada: la igualdad de derechos y de votos” mientras que “la unificación económica de Europa va lográndose inevitablemente y, al mismo tiempo, como reacción, el partido de la paz …”[42]], que en Europa, por otra parte, va aneja al cristianismo”[43], poniendo de relieve el hecho de que el sistema educativo es un Aparato Ideológico a través del cual el Estado democrático moderno o “la inmoralidad organizada”[44] ejerce su hegemonía represiva (Louis Althusser, 1969): “la ilustración espiritual es un medio infalible para hacer a los hombres más inseguros, más débiles de voluntad, más desvalidos”[45]. Por eso encuentra que hacer del estudio ‘un derecho’ es colaborar en la estrategia ideológica del capitalismo consistente en:

- atentar contra la existencia de ‘la mujer’ en las mujeres: “según se dice, se quiere, mediante la cultura, hacer fuerte al ‘sexo débil’: como si la historia no enseñase del modo más insistente posible que el ‘cultivo’ del ser humano y el debilitamiento […] han marchado siempre juntos”[46].

- imponer “una verdad absoluta” (‘la opresión universal de la mujer’: cuando “el sexo débil en ninguna otra época ha sido tratado por los varones con tanta estima como en la nuestra”[47]) para que se fantasee “en todas partes, incluso bajo disfraces científicos, con estados venideros de la sociedad en los cuales desaparecerá ‘el carácter explotador’” o la violencia (“Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres”) como si la ‘explotación’ o la violencia formasen “parte de una sociedad corrompida o imperfecta y primitiva” en vez de formar “parte de la esencia de lo vivo, como función orgánica fundamental”[48].

Lo que Nietzsche no soporta de las feministas no es que sean mujeres sino que sean mujeres que propaguen, como también hacen los nihilistas, los cristianos, los escépticos[49] y ‘los espíritus objetivos’[50] [que resultan los peores amantes (y si no, que lo digan las mujeres)”[51]], “ese odio contra lo humano, más aún, contra lo animal, más aún, contra lo material, esa repugnancia ante los sentidos, ante la razón misma, el miedo a la felicidad y a la belleza, ese anhelo de apartarse de toda apariencia, cambio, devenir, muerte, deseo, anhelo mismo”[52] para que así este odio se convierta en el punto de apoyo de aquellos que no son “lo suficientemente fuertes como para poder crear por sí mismos, en la lucha de la vida, su propia verdad”[53]. Es por esto que para Nietzsche “en el fondo las mujeres emancipadas son las anarquistas en el mundo de lo ‘eterno femenino’, las fracasadas, cuyo instinto más radical es la venganza …”.[54]

 

[1] Juliet Mitchell, Psicoanálisis y feminismo. Freud, Reich, Laing y las mujeres (1974). Anagrama, Barcelona, 1982.

[2] Véase Rosalind Coward, Sacred cows. Is feminism relevant to the new millennium?, Harper Collins, Glasgow, 1999.

[3] Friedrich Nietzsche, La voluntad de poder (ensayo de una transmutación de todos los valores) (1901). Edaf, Madrid, Mexico, Buenos Aires, San Juan, 2000, p. 497.

[4] Idem, Más allá del bien y del mal. Preludio de una filosofía del futuro (1886). traducción de Andrés Sánchez Pascual, Alianza Editorial, Madrid, 2003, p. 196.

[5] Idem, p. 200.

[6] Idem, Sobre el porvenir de nuestras escuelas (1872), traducción de Carlos Manzano, Tusquets, Barcelona, 2000, p. 52.

[7] Idem, Más allá, p. 200.

[8] Idem, p. 199.

[9] Idem, p. 168.

[10] Los socialistas coinciden con el resto de los partidos “en su hostilidad radical e instintiva a toda forma de sociedad [p. 145] diferente de la del rebaño autónomo (hasta llega a rechazar incluso los conceptos de ‘señor’ y de ‘siervo’ – ni Dios, ni amo, dice una fórmula socialista -; coinciden en la tenaz resistencia contra toda pretensión especial, contra todo derecho especial y todo privilegio (y esto significa, en última instancia, contra todo derecho: pues cuando todos son iguales, ya nadie necesita ‘derechos’ -)”, más allá, p. 146. El ideal socialista “no es en realidad más que el mismo ideal cristiano moral, pero mal entendido”, en la voluntad de poder, p. 244.

[11] La voluntad de poder, pp. 574. Véase también Así habló Zaratustra Un libro para todos y para nadie (1882-5). traducción de Andrés Sánchez Pascual, Alianza, Madrid, 2004, pp. 389-390.

[12] El Pais, sociedad-ley de igualdad, 8 de abril del 2005, p. 33.

[13] El País, portada, 8 de abril del 2005.

[14] El Pais, sociedad-ley de igualdad, 8 de abril del 2005, p. 33.

[15] Editorial, El País, 8 de abril del 2005, p. 18.

[16] El Pais, sociedad-ley de igualdad, 8 de abril del 2005, p. 33.

[17] Ibid.

[18] El Pais, sociedad-ley de igualdad, 8 de abril del 2005, p. 34.

[19] Idem, p. 33.

[20] Friedrich Nietzsche, Más allá, p. 200.

[21] Dolores Castrillo Mirat, “prólogo”, la voluntad de poder, p. 10.

[22] Friedrich Nietzsche, Más allá, p. 31.

[23] Idem, “De los prejuicios de los filósofos”, en Más allá, p. 46.

[24] Idem, La voluntad de poder, p. 199.

[25] “Erigirse en defensor de la regla – es acaso la forma y el refinamiento último en los que se revela la nobleza del alma sobre la tierra”, Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia (1882), traducción de Charo Crego y Ger Groot, Akal, Barcelona, 1988, p. 103.

[26] ‘Los espíritus libres’ se atreven “a ensayar lo artificial: como hacen los verdaderos artistas de la vida” (p. 59), saben “reservarse: esta es la más fuerte prueba de independencia” (p. 71), son “los espíritus más comunicativos”, están “llenos de malicia frente a los halagos de la dependencia que yacen escondidos en los honores, o en el dinero, o en los cargos, o en los arrebatos de los sentidos”, son “curiosos hasta el vicio”, “investigadores hasta la crueldad”, “prontos a toda osadía, gracias a una sobreabundancia de ‘voluntad libre’”, “conquistadores” aunque parezcan “herederos y derrochadores” (p. 74), “parcos en el aprender y olvidar, hábiles en inventar esquemas, orgullosos a veces de tablas de categorías, a veces pedantes, a veces búhos del trabajo, incluso en pleno día; y, si es preciso, incluso espantapájaros” (p. 75). Idem, Más allá. “Toda libertad es consecuencia de la bravura. (Aquí libertad significa facilidad en dirigirse a sí mismo. Cualquier artista puede comprenderme)”, en la voluntad de poder, p. 472. El hombre ‘libre’, el poseedor de una voluntad duradera e inquebrantable, “da su palabra como algo de lo que uno puede fiarse, porque él se sabe lo bastante fuerte para mantenerla incluso frente a las adversidades, incluso ‘frente al destino’”, La genealogía de la moral. Un escrito polémico (1887). traducción de Andrés Sánchez Pascual, Alianza editorial, Madrid, 2004, p. 78.

[27] Toda moral se encuentra “entre las ‘ilusiones’”. Idem, “Ensayo de autocrítica” [1886], en El origen de la tragedia a partir del espíritu de la música (1872), traducción Carlos Mahler, Adiax ediciones, Buenos Aires, 1980, p. 17.

[28] Idem, Más allá, pp. 141-2.

[29] Idem, p. 113.

[30] Idem, p. 197.

[31] Idem, p. 109.

[32] Idem, Ecce homo. Cómo se llega a ser lo que se es (1888). traducción de Andrés Sánchez Pascual, Alianza editorial, Madrid, 2002, p. 72.

[33] Idem, Más allá, p. 199.

[34] Idem, p. 208.

[35] Idem, La voluntad de poder, p. 622.

[36] Idem, Sobre el porvenir de nuestras escuelas, p. 24.

[37] Idem, p. 48.

[38] Idem, La genealogía de la moral. Un escrito polémico (1887). traducción de Andrés Sánchez Pascual, Alianza editorial, Madrid, 2004, p. 192.

[39] Idem, Más allá, p. 145.

[40] Idem, La voluntad de poder, p. 542.

[41] Idem, p. 593.

[42] Idem, p. 496.

[43] Idem, p. 571.

[44] Idem, p. 480.

[45] Idem, p. 115.

[46] Idem, Más allá, pp. 201-202. “las mujeres más poderosas e influyentes del mundo [últimamente la madre de Napoleón] han debido su poder y su preponderancia sobre los varones precisamente a su fuerza de voluntad - ¡y no a los maestros de escuela!”.

[47] Idem, p. 199.

[48] Idem, p. 235.

[49] “contra el escepticismo: valor, juicio, dureza, independencia, sentido de la responsabilidad”, Idem, La voluntad de poder, p. 599; “la procedencia de la responsabilidad”: “responder de sí como futuro a la manera como lo hace quien promete”, la genealogía de la moral, p. 77. “criar un animal al que le sea lícito hacer promesas […] ¿no es éste el auténtico problema del hombre? […] la fuerza que actúa en contra suya [es] la fuerza de la capacidad de olvido”, la genealogía, p. 75.

[50] “Cuando un filósofo da a entender hoy que él no es un escéptico [un ‘espíritu objetivo’] todo el mundo oye eso con disgusto; se lo examina con cierto recelo, se querría preguntarle y preguntarle muchas cosas …, incluso, […] se le califica, desde ese momento de peligroso. Les parece como si […] en alguna parte se estuviera ensayando una nueva sustancia explosiva, una dinamita del espíritu, quizá una nihilina rusa recién descubierta, un pesimismo de buena voluntad que no se limita a decir no, a querer no, sino – ¡cosa horrible de pensar! – a hacer no”. Idem, Más allá, pp. 158-9.

[51] Idem, La voluntad de poder, p. 221.

[52] Idem, La genealogía de la moral, pp. 204-5.

[53] Charo Crego y Ger Groot, “introducción: Friedrich Nietzsche y la fábula de la verdad”, en La gaya ciencia, pp. 5-25, p. 9.

[54] Friedrich Nietzsche, Ecce homo, p. 72.







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